
El FEM considera que otro gran problema es la investigación médica. En este ámbito, muchos conocimientos valiosos permanecen ocultos en notas o imágenes complejas, ya que son difíciles de encontrar con una búsqueda convencional. Aquí es donde entra en juego la denominada vectorización: los datos multimodales, desde textos hasta secuencias genómicas y señales clínicas, se convierten en incrustaciones numéricas. Esto permite a la IA reconocer relaciones profundas, como comparar síntomas con casos anteriores o recuperar resultados de investigación relevantes con la máxima precisión.
Seguridad y confianza
En definitiva, según el FEM, un sistema sanitario moderno necesita un data lakehouse. Es decir, un lugar de almacenamiento centralizado en el que los datos de los laboratorios, los wearables y las aplicaciones de los pacientes confluyan de forma segura y estén disponibles para su análisis. Para que la protección de datos no se quede en el camino, una fábrica de datos inteligente debe garantizar que solo los usuarios autorizados tengan acceso y que la información sea coherente.
Para garantizar que las recomendaciones de IA para los médicos sean comprensibles y fiables, éstas deben basarse en conocimientos clínicos validados. Los denominados gráficos del conocimiento podrían servir como guías para garantizar que los resultados de la IA se ajusten a las directrices médicas.

